El compromiso con la realidad de Europa y con el poder de la imaginación para vislumbrar otros futuros posibles son las principales señas de identidad de Agnieszka Holland. La cineasta polaca, Giraldillo de Honor en esta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, remarcó constantemente estas ideas en su comparecencia ante la prensa en el Espacio Turina -localización que se estrena en el SeFF-, donde estuvo acompañada por el director del certamen, Manuel Cristóbal. Este mostró su agradecimiento a la galardonada por acudir a la ciudad y por su compromiso con la Academia Europea de Cine, de la que fue presidenta durante cuatro años. El día anterior, Holland y Cristóbal mantuvieron otro encuentro ante el público en la sede sevillana de CaixaFórum, precedido de la proyección de ‘Europa, Europa’, la película más recordada de la directora.
Agnieszka Holland comenzó su intervención con un guiño local del que extrajo conclusiones más amplias: “Esta mañana he estado visitando los Reales Alcázares y me ha hecho ponerme muy filosófica respecto a las raíces del continente, que son tan diversas como nuestro cine”. Holland aprovechó ese punto de partida para recordar su apoyo al sector desde la Academia de Cine Europeo, y puso en valor a los festivales y programadores y, sobre todo, al público: “La parte más importante de nuestro trabajo”. Asimismo, defendió la experiencia colectiva de disfrutar de las películas en las salas de cine frente a la pujanza del streaming, y sopesó los pros y los contras de las plataformas: “Constituyen una biblioteca tremendamente importante, y permite que mi cine llegue a personas y lugares donde no había llegado antes. Pero el problema es cómo se elige y selecciona lo que hay en estas bibliotecas. A veces la gente se pierde en esa cantidad ingente de contenidos, no saben lo que hay y al final es el algoritmo el que decide lo que ves, por eso debemos promover la calidad en lugar de manipular la distribución”.
La responsabilidad del cineasta
Agnieszka Holland sostiene que los cineastas también tienen su responsabilidad en esto. “Creo que debemos arriesgarnos más. La valentía y la libertad es lo que necesitamos, escuchar la realidad de las personas y abrirnos un poco más. Es difícil, porque el mundo ha cambiado mucho en los últimos diez años con las redes sociales, el big data, la IA... La verdad pura y dura ha perdido su atractivo. Yo no soy muy optimista, pero tenemos que intentarlo”. Según la directora y guionista, la única forma de arrastrar al público a las salas es haciendo “buenas películas, que sean tan atractivas y diferentes que desencadenen un tormenta en la imaginación de las personas y despierten el deseo de la experiencia colectiva”.
Ante la pregunta de si había un mayor compromiso actualmente en el documental europeo que en el cine de ficción, ella se mostró de acuerdo. “El documental es ahora mismo más valiente y relevante, porque los cineastas de ficción estamos más centrados en nosotros mismos, nos cuesta confrontarnos a la realidad”. Eso también tiene su parte de explicación en el entorno industrial. “El cine de ficción es caro y las fuentes de financiación censuran determinadas temáticas, evitan la polémica. Es difícil financiar una película que sea audaz desde el punto de vista político. Los documentales tienen más posibilidades de saltar estos obstáculos y necesitan menos dinero, pero también tienen menos impacto para llegar al público general. En ese sentido, la ficción es una herramienta muy poderosa y seguiré creyendo en ella”. Para Holland, “el cine y el arte no tienen que ser reactivos a la realidad, pueden ser proactivos, despertar la imaginación de las personas y aventurar que el futuro puede tener alternativas”.
Nacida en Varsovia hace 77 años, la directora y guionista hizo también un breve pero sentido repaso a su vida y su trayectoria. Recordó cómo vivió el surgimiento y aplastamiento de la Primavera de Praga -y su paso por la cárcel- cuando estudiaba cine en la Checoslovaquia comunista a finales de los 60, sus comienzos en el oficio en Polonia, su necesidad de rodar en otros países cuando llegó la Ley Marcial y el momento de placidez vivido en el último decenio. “Ahí he podido conocer a productores que me han hecho sentir libre y hacer las películas que quiero aunque sean temas difíciles, polémicos o peligrosos desde el punto de vista político”, indicó.
Pero las palabras de mayor cariño se las dedicó a sus compañeros de quinta en los años 70 como Andrzej Wajda -a quien el festival, con el apoyo del Instituto Polaco de Cultura dedica un ciclo en Esenciales-, Krzysztof Zanussi o Krzysztof Kieslowski. “Fue un período maravilloso del cine polaco. Lo lideraba una generación de cineastas que tenía una experiencia marcada por la Segunda Guerra Mundial y la destrucción de Polonia, y creamos un cine muy puro, porque nuestras vivencias nos hicieron conscientes de que esa era una forma muy importante de expresarnos. Fue la época de las Nuevas Olas, también en Checoslovaquia, en Francia… fue una generación que renovó completamente el cine e hizo historia”.
En su país, recuerda, “queríamos ser libres, y de forma más o menos encriptada contábamos las cosas que queríamos contar. El público era muy inteligente y sí que se daba cuenta del mensaje. Es el mejor público que he tenido en mi vida, era muy agradecido y respondía muy bien. Sentíamos que con esas películas estábamos cambiando Polonia”, recordó.
Desde que debutó como directora en 1977, Agnieszka Holland ha trabajado en cine y televisión, en la ficción y el documental, en el largometraje y el formato corto, con una larga y variada trayectoria. Ante la pregunta de si podría resumir todo ese trabajo definiendo sus elementos comunes, ella fue muy directa. “Yo diría que el mensaje de mis obras es que la vida es compleja… y complicada”.
