MIGUEL ÁNGEL BLANCA
noticia

‘MAGALUF GHOST TOWN’: LA OTRA CARA DEL BALCONING

Conocemos Magaluf por la estadística anual de turistas muertos intentando un salto a la piscina desde el balcón del hotel, con el hándicap de una borrachera de aúpa. Conocemos Magaluf por las noticias veraniegas en los Telediarios, mostrando imágenes de guiris borrachos vomitando en los rincones. Conocemos Magaluf por aquel vídeo viral en la que una chica rompía un récord de felaciones a cambio de un chupito de vete a saber qué brebaje.

Todo eso está en Magaluf Ghost Town, por supuesto, pero la nueva película de Miguel Ángel Blanca (Quiero lo eterno, Your Lost Memories) va más allá, mucho más allá: “Fuimos a Magaluf por lo que va todo el mundo, a saber si todas esas leyendas del turismo lowcost extremo son ciertas”, confiesa el cineasta.

Premio a la Mejor Película Internacional en el Festival de Tessalonika y tras pasar por el Hot Docs Canadian International Documentary Festival, la película llega ahora a la Sección Nuevas Olas no ficción del Festival de Sevilla. Magaluf Ghost Town penetra en las entrañas del municipio balear, pero huye del sensacionalismo habitual para bucear en la muy particular idiosincrasia de un grupo de habitantes de la localidad, construyendo un retrato entre humano e irónico, pero con un insólito enfoque que tiene algo de cine de terror y algo de crónica social.

Hablamos con Miguel Ángel Blanca de una película tan extravagante como fascinante.

 

MAGALUF

Fotograma de Magaluf Ghost Town, de Miguel Ángel Blanca

 

¿Qué descubristeis en Magaluf?

“A nivel mitológico lo que nos encontramos es mucho más interesante y exigente de lo que imaginábamos. Las borracheras, el sexo en la playa, los concursos de felaciones y la gente tirándose por los balcones resultó ser lo de menos… Lo que descubrimos es que Magaluf es un lugar mágico con sus propias reglas, un escenario donde la verdad y el simulacro nos permiten seguir especulando realidades y construyendo representaciones de uno mismo que, finalmente, es el tema principal por el que ha girado toda mi filmografía”.

 

Se etiqueta a la peli como documental, yo diría que hay que ponerle muchos peros a eso, porque hay un tratamiento casi de película de terror, de misterio... ¿Qué opinas?

“Yo digo que si tienes muchos PEROS es porque tienes ciertos conflictos, frustraciones y decepciones con la película y sus formas, y eso me interesa. Alguien más listo que yo dijo que la única verdad que debería interesar es la que cada espectador mantenga con la propuesta, y yo me apunto a ese carro. Sobre la etiqueta que hay que ponerle a Magaluf Ghost Town según sus formas creo que, al igual que la misma localidad de Magaluf, llega un momento en nuestro documental que ya no se sabe lo que es verdad o mentira. Pero tampoco importa porque la película va justamente de eso: ¿puede sobrevivir un lugar turístico sin construir un relato de ficción alrededor suyo? En mis películas la verdad no importa demasiado. De hecho en la vida misma la verdad es cada vez menos importante. ¿Documental? ¿Ficción? ¿Realmente importa? Nuestra vida ya es una enorme mentira para poder enfrentarnos a la realidad. Absolutamente todo ya es representación. Recomiendo disfrutar la película sin esa esa preocupación y después ya la catalogaremos cuando haya que ordenar los DVD’s de las biblioteca públicas. 

 

¿Cómo construisteis las historias? ¿Se partía de una base real para modularla y ajustarse a lo que tú querías contar?

“Mi forma de trabajar desde Quiero lo Eterno consiste en encontrar gente especial e intentar trasladar al cine toda la fascinación que ellos despiertan en mi. Con Magaluf Ghost Town fue igual. El proceso de guion fue entablar con los protagonistas largas conversaciones, conocer su realidad para ponerla en escena pero también fantasear con qué les gustaría SER en una película, qué recuerdos les gustaría escenificar o que partes de ellos mismos les gustaría explorar, siempre partiendo de eso que llamamos verdad cotidiana. Hay escenas de la película que son situaciones que me contaban la noche anterior: Mañana voy a ir a bailar a Punta Ballena, perfecto, grabémoslo. Tengo ganas de que me echen las cartas, buena escena, nosotros nos ocupamos. Me gustaría robar a un guiri borracho, ¿quieres hacerlo?, nosotros también… El diseño de producción que construimos en los rodajes y el equipo técnico y humano con el que trabajo, nos permite esa posibilidad de escribir y rodar escenas rápidamente a partir de intuiciones que se pueden tener de forma aparentemente loca para generar mucho material. Después en la sala de montaje se le da una coherencia y verosimilitud o, sencillamente, te das cuenta que aquella intuición que habías tenido era una idea muy mala”.

 

Si pensamos Magaluf Ghost Town casi como una peli de terror, aparecen las ideas de ciudad fantasma, de los guiris como zombis o vampiros, y está el componente mitológico de la isla y los sacrificios que demanda...

“Sí, todo esto que dices está en el documental. Uno de las apuestas era saber equilibrar el misterio y el terror con el costumbrismo. Cómo poner a bailar el tono de extrañeza y turbación, con los lugares comunes del veraneo balear. Es de las cosas que más satisfecho estoy de Magaluf Ghost Town”.

 

Hay algo de la propuesta que me hacía pensar en En construcción, de José Luis Guerin, o en el díptico La leyenda del tiempo/Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta. “Creo que Guerín y Lacuesta son directores muy importantes para toda la siguiente generación que nos divertimos con todo eso que llamaron el híbrido entre documental y ficción. Algunos de sus trabajos han sido muy inspiradores para mi, En Construcción y Los Pasos Dobles fueron grandes momentos en la sala de cine. Quizás yo no comparto con ellos el fuerte respeto que le tienen al cine. Para mi es importante faltar un poco al respeto en general, y a las formas y a los lenguajes del cine en particular. Hablo de esa idea de no tener miedo a extralimitarse, ni dar explicaciones a nadie, ni hacer ascos a nada para construir un relato. Eso lo aprendí muy fuerte cuando hicimos La Extranjera y Després de la Generació Feliç, influenciadas por cineastas como Kikol Grau, Andrés Duque o Virginia García del Pino. Esa sensación de aplastar los límites del relato es algo que también adoro de Jean Rouch, del primer Ulrich Siedl, de Joshua Oppenheimer o del escritor Agustín Fernandez-Mallo cuya obra me iluminó durante la fase de montaje de Magaluf Ghost Town hasta el punto que un día fui a robarle un abrazo… pero eso ya es otra historia, claro…”