Thierry Frémaux, director del Festival de Cannes y del Instituto Lumère, ha destacado hoy el valor del Festival de Cine Europeo de Sevilla como punto de encuentro entre el cine y la ciudadanía. “Es una oportunidad para volver a ver cine en grandes pantallas y, además, pone el séptimo arte en el centro de la ciudad. Yo estoy muy contento de venir a una ciudad tan bella como Sevilla, pero también me gusta saber que una vez al año hay un festival de cine”, afirmó durante el encuentro que ha mantenido con los medios, uno de los principales de esta 23ª edición. Acostumbrado a entregar premios en su festival, Frémaux es ahora el destinatario del Giraldillo de Honor en el certamen sevillano, reconocimiento ante el que se mostró especialmente agradecido. “Yo no acostumbro a recibir premios, pero recibir este galardón con la gran Agnieszka Holland es una recompensa a nuestro trabajo, a la energía que dedicamos también a poner en valor la labor de los profesionales y de los artistas del cine”, concluyó.
Durante la presentación del encuentro, Manuel Cristóbal, el director del SeFF agradeció a Frémaux su presencia en el certamen sevillano y que, para ello, hiciera un alto en sus responsabilidades al frente del Festival de Cannes y del Instituto Lumière. Precisamente, su labor al frente de esta última institución, dedicada a la preservación del patrimonio cinematográfico, dio pie a las primeras reflexiones de la conversación, centradas en el valor del cine clásico y su vigencia tras la irrupción del digital. “No hay películas más viejas que una obra de Shakespeare o Mozart, por eso hay que ir al cine como quien va a comprar un libro de Marcel Proust, Scott Fitzgerald o García Lorca”, declaró,al tiempo que hizo referencia al Mercado de Cine Clásico que él creó como punto de encuentro de los profesionales del sector: “Hay gente en todos los países que trabajan con este material, que es muy necesario. Una película como ‘La bola negra’ no se puede hacer sin conocer la historia del país ni la historia del cine”, trasladó al auditorio antes de señalar que “Quentin Tarantino ha construido una obra muy potente y muy original con la historia del cine igual que Borges lo hacía con la historia de la literatura y su pasión con la misma”.
“En la época del COVID escuchamos muchas cosas sobre la muerte del cine y la llegada de las nuevas tecnologías -indicó-, pero en Francia el movimiento por preservar las salas de cine es muy fuerte, hay una voluntad para proteger las obras, a los autores y también al público, porque él inventó el cine también. Sin el público no habría sido viable”.
A favor de un “cine ecológico”
Su defensa del cine clásico se mostró aún más férrea cuando ante los desafíos que plantea la Inteligencia Artificial. “Seguro que, en el futuro, va a haber películas completamente hechas con la IA, y ahora más que nunca tenemos que conocer de dónde viene el cine. A mi me gusta dar el ejemplo del vino ecológico, la necesidad de volver a tener un vino puro”, apuntó. “Antes del digital, el cine también era puro. En las películas de los hermanos Lumière, lo que había era lo que se veía delante de la cámara. Luego vino Méliès, que hizo lo contrario, y ahí brotó toda la belleza del cine”. Para el francés, la última “película ecológica” fue ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola. “En la escena del bombardeo con ‘La cabalgata de las walkirias’ él tenía solo seis helicópteros que le había prestado el ejército filipino, y puso cámaras por todos lados para crear una secuencia increíble. Hoy día llamarían al encargado de efectos especiales y pondría muchos más helicópteros. En ‘Apocalypse Now’ -añadió- sabes que es el mundo real y se siente así desde el punto de vista artístico, como sucedía con los Lumière. A mí no me asusta la IA, pero necesito la honestidad de saber lo que estoy mirando. Para mí, la IA entra más en la categoría del cine de animación”, concluyó.
A pesar de estar acreditado como director de dos películas construidas a partir de multitud de material restaurado de los inventores del cine -‘¡Lumière! Comienza la aventura’ y ‘¡Lumière! La aventura continúa’-, nunca se ha considerado un cineasta: “Cuando yo era muy joven y cinéfilo quería ser director de cine, pero acabé mostrando los trabajos de los demás. Lo que sí soy es el único director que antes de la proyección puede decir: ‘¡Van a ver una película increíble!’ Lo he hecho porque no son mis filmes, pero tengo mi responsabilidad, porque yo era el jovencito de Lyon encargado de llevar a la posteridad la obra de los Lumière. Mi colega Bertrand Tavenier me decía que yo no hablaba de ellos como un historiador, sino como un cinéfilo, y eso ayuda a entender cómo es el cine hoy”.
En el encuentro hubo también tiempo para hablar de su labor al frente del Festival de Cannes, revelando que ve unas tres mil películas al año, de las cuales siempre hay unas cuatrocientas o quinientas con el nivel suficiente como para entrar en la selección final: “Elegir no es una labor fácil”. Defendió el trabajo en equipo, donde cada idea está sometida a numerosos debates, y mostró muy claramente su criterio como programador ante las sugerencias externas de que se debe buscar un cine ideológicamente neutral. “No hay neutralidad. En Cannes tenemos buen gusto y solo vemos la calidad de una película. La palabra de los artistas es completamente libre, pueden decir lo que quieran y yo puedo estar de acuerdo o no. De hecho, me gusta discutir, pelearme con temas de cine con mis colegas, por supuesto, porque amamos el mundo del cine”.
