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REVOLUCIONES PERMANENTES. SEARCHING FOR THE YOUNG SOUL REBELS

 

“El delirio de los indigentes es un generador de acontecimientos, fuente de historia; una multitud de seres febriles que quieren otro mundo, aquí abajo y al instante. Son ellos los que inspiran las utopías, es para ellos que se escriben.”  Empezamos con esta cita (cuyo autor desvelaremos más adelante) a hablar de esta nueva sección, Revoluciones Permanentes. Una frase que funciona en dos direcciones en esta selección que pretende recoger propuestas cuya valentía roza con lo suicida: los autores que aquí mostramos son esos “seres febriles que quieren otro mundo, aquí abajo y al instante”, solo que no son ellos los que inspiran las utopías, sino quienes las escriben, las filman y las proclaman. Porque una revolución es un ventarrón de cambio que viene impulsado precisamente por la visión colectiva de una suerte de utopía a alcanzar, por la que luchar.  Y justamente los cineastas que se mantienen en ese estado revolucionario y visionario, que aspira a lo más elevado y utópico, son los que aquí queremos convocar. Los rebeldes de alma joven, los que van siempre un paso más allá.

A VIOLENT DESIRE FOR JOY, de Clément Schneider, (con uno de los títulos más evocadores del espíritu que buscamos) arranca en una revolución, la francesa, pero lejos del clamor parisino. Con limpieza en la mirada y claridad de espíritu, Schneider nos transporta a la revolución interna de un joven monje infectado por lo mejor de las ideas revolucionarias, pero lejos de su violencia. Con desnudez formal y estética (apenas necesita un puñado de actores, una localización atemporal y unas pocas piezas de vestuario y utilería), Schneider da a su película un aire eternamente joven simpatizante con el cine de Rohmer y de Eugène Green en esa revuelta interna del personaje que termina abrazando la revolución también simbólicamente en forma de amor carnal.

 

el rey

 

Otra pieza llena de simbolismo es ENDLESS TAIL, de Željka Suková. En concreto, el conflicto entre los sagrado y lo profano es lo que entra en juego, en una pieza que es capaz de construir otros mundos (utopías) a través de las herramientas propias e intransferibles del cine: el montaje. Usando toda clase de imágenes y sonidos, en un collage explosivo, Suková es capaz de hacer surgir un mundo de un ojo de una cerradura, o convertir una puerta en medio del campo en un portal entre dimensiones. La frescura y efervescencia de la nueva ola checa revive en el trabajo de esta artista visual croata, en una mirada atemporal cargada de modernidad y futuro.

Hay en Revoluciones Permanentes también otra clase de revueltas más calladas, que tienen más que ver con lo personal y lo íntimo. Aunque el registro de Dídio Pestana en SOBRE TUDO SOBRE NADA puede tener una veta nostálgica por el uso del super 8, un formato fotoquímico que no solo se manifiesta por su textura o por la calidez de sus colores, sino por la forma en que la duración de los cartuchos condiciona la filmación, es claro que lo que termina por condensar es una forma de sentir claramente contemporánea. Esta colección de glimpses (a la Mekas o Menken) reunidos a lo largo de ocho años construye de alguna manera un lugar imposible, una utopía emocional de una vida condicionada por la movilidad continua de una juventud europea globalizada y con un sentimiento de pertenencia fragmentado. Por otro lado, Ilan Serruya necesita convocar ese necesario encuentro paterno filial en la isla que da título a su film, REUNIÓN. Un paisaje potente y arrebatador enmarca la mirada de Serruya (paciente, guardando una distancia sensible): una tierra volcánica que bajo una aparente calma esconde mareas ardientes, al igual que los “tranquilos” encuentros entre Serruya y su padre, en un viaje lleno de suspense emocional a ese lugar de comunicación imposible, ideal utópico ambicionado.  El ideal al que mira María Antón en <3 está floreciendo: se trata de la visión de los adolescentes sobre el amor y las relaciones, que configura un futuro luminoso y radicalmente libre para las relaciones amorosas. Un día, de la mañana a la noche, en el madrileño parque del Retiro, en una suerte de Comizi d’Amore de la juventud de hoy, no solo es un certero sondeo de la desprejuiciada mirada sobre las formas de amar por venir, sino también una experiencia atmosférica y sensorial que termina por hundir sus raíces en la irrealidad de la noche, y de la vida y de la búsqueda de placer incesante, esta vez mediada por los móviles, en una realidad que no por su virtualidad es menos auténtica.

 

shellac un violent

 

Por supuesto, en este ramillete de utopías no puede faltar la ilimitada osadía de piezas como M, de Anna Eriksson y HAPPY LAMENTO, de Alexander Kluge (featuring Khavn de la Cruz). M, por ejemplo, renuncia a construir una historia secuencial o lineal, en una serie de variaciones en torno a la figura de Marilyn Monroe (interpretada por la propia Eriksson) y en torno a la relación entre el deseo sexual y la muerte. Algo que se traduce también en las revulsivas imágenes del film, que penetran en los sentidos oscilando entre lo estimulante y lo desagradable, generando una experiencia única e impredecible. La recurrencia al imaginario colectivo visto a través de un espejo deformante (en un tono a ratos emparentado con el de Lynch) amplifica la potencia de un film que se desmarca de cualquier etiqueta o clasificación existente. No hay espacio suficiente apenas para empezar a hablar del cosmos que construye Happy Lamento, en un reflejo del pensamiento lúcido, multilateral y clarividente de Alexander Kluge, y en concreto del pensamiento en torno a la imagen (aunque él dice que su película es eminentemente musical). Este collage sobre la luz eléctrica, el circo y la canción “Blue Moon”, esta entreverado por las imágenes del filipino Khavn de la Cruz, en una estridente y delirante distopía cuyo paisaje de fondo es un basurero, en una guerra de fieras pandillas de niños, Los amos de la noche del fin del mundo AKA el norte de Manila. Kluge se desvía del camino del montaje lineal con el uso de la pantalla partida en tres con imágenes que interactúan generando un torrente de ideas y asociaciones. Vemos así como la veteranía (Kluge es uno de los padres del Nuevo Cine Alemán, y lleva más de cincuenta años en activo) no tiene nada que ver con esa rebeldía de espíritu incombustible.

Pero lo utópico no está solo en los temas o en las formas: los modos de hacer son también una construcción activa de un ideal aquí y ahora. La Cicatriz /La Bañera Roja, se puede considerar de alguna manera como una utopía en medio del panorama de la industria audiovisual. Desde ahí Pablo Llorca produce y dirige sus películas, que llegan de año en año desde su prolífica mente. EL VIAJE A KIOTO se rebela también a través de su mirada multilateral al mundo del arte, y a la fugacidad del éxito. En un registro más sainetesco que nunca, Llorca construye así una farsa cuestionadora del matrimonio entre arte y mercado, una clara crítica que reclama un mundo distinto. Por otro lado, y partiendo del teatro de vanguardia, EL REY, de Alberto San Juan y Valentín Álvarez, es claramente militante en sus formas y en sus objetivos. En torno a la figura del rey emérito de España, Juan Carlos I, y de un fantasmal y pesadillesco desfile de agentes varios de la historia reciente de España, El Rey intenta desmontar el relato conciliador y olvidadizo de la Transición española. La película, además, se postula como combativo manifiesto (que deriva del movimiento social generado en el 15M), pues el objetivo final es poner a disposición la película libremente, que sea una obra de dominio público bajo licencia Creative Commons. Un documento al alcance de todos, sin ánimo de lucro, sin propiedad, para difundir conocimiento e invitar a la reflexión.

En su raigambre performativa (y la nobiliaria) se cruzan El Rey y ROI SOLEIL, de Albert Serra, quien después de La muerte de Luis XIV elabora una variación en torno a esta figura en una performance llevada a escena en la Galería Graça Brandão de Lisboa durante siete días en la que su habitual, el actor no profesional Lluís Serrat, escenificó los estertores, muerte y agonía del Rey Sol. Con este material, de inusual iluminación que reduce el palacio a su mínima expresión (en el vestuario de Serrat), Serra construye este film en el que lo escénico se torna en material altamente cinematográfico gracias a los encuadres y el montaje. La aristocracia en su grandeza y su estupidez, entre lo sublime y lo grotesco, en una colisión entre la representación del poder y las fuerzas del arte.

 

roi soleil

 

Finalmente SANTOS #2, WORK IN PROGRESS, de Antón Corbal, nos sitúa en el terreno utópico del proceso creativo y visionario a través de la figura del cineasta gallego Oliver Laxe. Invitando a entrar en la película al paisaje del entorno en el que vive y trabaja Laxe, observando sus dinámicas, la película propone una alineación con el estado mental en el que “ocurre la magia”.

Este es el conjunto de seres febriles que construyen otros mundos aquí y ahora, nuestra cuadrilla de revolucionarios permanentes. El filósofo rumano Emil Cioran dio así en su Historia y utopía, sin quererlo, con una clave definitoria para nuestro uso y disfrute, que subvierte la carga atormentada de su pensamiento para elevarnos a la potencia de este violento deseo de alegría que esta sección augura.