NACIÓN, DE MARGARITA LEDO

Mucho se ha hablado de la lucha obrera, pero pocas veces ha asomado en el cine lo específico que esa lucha tiene para las mujeres: la apertura al mundo que supuso la incorporación al trabajo, en medio también de tiempos convulsos para el sector fabril. A través de las enérgicas y carismáticas mujeres de la fábrica de cerámica de A Pontesa (hermanas gallegas de las cigarreras de Cádiz y Sevilla), Margarita Ledo construye un relato emocionante, combativo y poético de una lucha inconclusa: “una película que trata de lo mucho que tardamos las mujeres en tener derechos, no sólo en votar sino en acceder al trabajo asalariado y a la posibilidad de ser independientes. En resumen, lo mucho que nos costó ser Nación”.

 

NOTAS SOBRE LA PELÍCULA DE MARGARITA LEDO ANDIÓN

PONTESA, EL LUGAR PARA LA PELÍCULA
Pontesa se instala en la ría de Vigo en 1958 para fabricar loza. Es  el icono de toda la comarca: una arquitectura espectacular, un empresario retornado de Cuba que  hace cada fin de año una fiesta y una plantilla  sobre todo de chicas.  Y a lo largo de 4 décadas se convierte en la prueba del paso del capital productivo al especulativo,  con un final, en 2001, de novela negra. Hoy 218 trabajadoras siguen en juicio contra una inversora que les adeuda dinero. 
Un pequeño vídeo on line  sobre la memoria de las mujeres, realizado por de una cooperativa de trabajo cultural, MAOS, para un programa del Ayuntamiento de Pontevedra, me pone sobre la pista: Pontesa todavía respira! Una  de las mujeres que aparece lía un pitillo, habla  tal y como se producen  los recuerdos, de modo fragmentario,  uniendo distintos momentos,: …y cuando  la fábrica paraba, era un ilusión… ¿recuerdas Leliña -se dirige a alguien que no vemos- cuando íbamos hasta Francia de vacaciones en el Diane6? 
Empecé a buscarla: vive sola en una aldea y todo el mundo habla con respeto  de ella. Se llama Nieves Lusquiños. Somos de la misma generación  pero el cine no forma parte de sus querencias. Nos unió mirar para el mundo de la misma manera y se  convirtió en mi sombra protectora para una  experiencia de sororidad fílmica en la que un grupo de operarias atraviesan de nuevo el fin del trabajo en la fábrica, las batallas por la autoestima, ciertos  indicios de cómo la mujer fue domada, de cómo el patriarcado la representa.
 
EL TRABAJO CON ELLAS. DECISIONES PRIMERAS
A) El eco de los lugares y el modo de situar el cuerpo en ese hueco. 
B) Comenzar por  escenas  que nos les hagan ver que estamos haciendo una película 
C) La actuación es hacia fuera y hacia dentro al mismo tiempo. Porque reactualizas para ti aquel pasado; porque lo expresas con cierto despecho hacia fuera.

Escogimos   el retorno simbólico a la  fábrica,   hoy reconvertida en  un almacén de cereales, con idas y venidas de camiones para cargar y descargar.  Nunca se había filmado este espacio. Trabajamos la escena en un espacio hoy residual, las taquillas. Y se convirtió en la imagen de la película. 
Esta incisión  del pasado en el presente late en todo el trabajo, también con los archivos y siempre con el cuerpo en movimiento, con la mujer activa, con el imaginario supliendo, a veces,  la verdad de lo real y recordando sólo los momentos buenos. 
La actuación, de las actrices y  de las no actrices, se desenvolvió con los mismos parámetros: actúas al mismo tiempo para ti misma, para mi como espectadora, para una obra: la película. Eres tu y las otras mujeres. A veces las frases que una de las mujeres dice, pasa a ser lo que expresan las actrices, aquellos momentos de existencia que se comentan.

PARTE PERFORMATIVA
El guión contenía  los tópicos que quería tratar. Pero el modo de formalizarlos, de pasar a ser parte de un filme, en algunos casos se definió en el proceso de rodaje al ir  conversando sobre  lo  que perseguía y la dificultad de inscribirlo en el filme. Sobre todo cuando trato aspectos simbólicos o la marca sexista en las modalidades de  represión en la guerra civil y en los abusos reiterados y ocultos. En este caso sucedió algo extraordinario porque el personaje salió de la representación e hizo de la escena u manifiesto autobiográfico que cierra el filme.
Y está la figura de la Sibila, que se anticipa, que advierte, que tiene doble faz. Una es la esfinge -la imagen que abre Nación- , muy presente el la mitología femenina; otra es Nieves, ese hilo conductor que crea comunidad. Que hace de pasadora para las más jóvenes. 
O  la voz como aullido, como mensaje en una botella,   como queja, a partir de una frase de Marguerite Duras: todas fuimos instruidas en el dolor, nunca tuvimos recurso alguno excepto el mutismo. Mi otro canon es la fusión de varios planos sonoros con los versos de Eva Veiga,  el canto de Mercedes Peón, la improvisación vocal de Mónica de Nut  y la histeria de las imágenes de endemoniadas en la romería  que filma Jacinto Esteva en “Nosa Señora do Corpiño”;  es ese circulo que nos incluye y nos hace sentir la relación entre los materiales más diversos del filme. 

NUEVO CANON
Con y más allá de los estereotipos, de los roles de género -en Nación la protagonista realiza oficios masculinos, en Nación  las escenas transcurren,   de manera significativa, en espacios públicos-, por encimas del fetichismo,  o de que sea hombre o mujer quien haga la película, creo que un nuevo canon tiene que ver con el uso del dispositivo, sobre todo con los movimientos de cámara en su relación con el cuerpo femenino y con la espera a que ese cuerpo entre en  contacto con ella, que ambos sean parte de una  misma mirada.  Tiene  que ver con otros cuerpos que el “Modo de Representación Institucional” no admite; con la edad de las mujeres, por ejemplo; con reconocer el cuerpo como lo que nos permite vivir, desear, decir non, amar, pensar. Tiene que ver con los  diferentes registros de la expresión sonora que quiebra ese mutismo que nos convierte en  brujas o histéricas desde la noche de los tiempos. Tiene que ver con los lazos entre lo  que acontece, lo imaginario, lo simbólico y lo que te conmueve   como entradas para la complejidad de lo real -y ahora pienso en la propuesta académica de Iris Brey-  para llegar a expresar la experiencia del cuerpo femenino en la pantalla, adoptando su punto de vista, sintiendo esa experiencia carnal como parte de otra política de mise-en-scène, En mi caso, tiene que ver con el engarce de tiempos, con  fuentes diferentes de imágenes, con el respeto  indicial de los archivos, del modo en que se realizaron, de ese desasosiego e imperfección que amplía nuestra capacidad para la “pequeña percepción”, para ese estrella fugaz que no volverá a pasar pero que te deja mirando para el cielo negro que se iluminó para que sueñes. Eso es la pantalla. 
Margarita Ledo Andión
Octubre, 2020

 

ALGUNAS FOTOS DEL RODAJE DE NACIÓN

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MARGARITA LEDO

Margarita Ledo Andión (1951, Castro de Rei, Lugo) es una relevante figura de la cultura gallega, cineasta, escritora y catedrática de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Santiago de Compostela (donde también ejerció como Decana). Publicó su primer libro, Parolar cun eu, cun intre, cun inseuto, un poemario, en 1970, al que le siguen otros libros de poesía, narrativa, ensayo e investigación. Funda y dirige diversas publicaciones con especial foco en la reivindicación de la lengua gallega y espíritu militante. Su primer largometraje es Santa Liberdade (2004), al que le sigue Liste, pronunciado Líster (2007), y la ficción A cicatriz branca (2012), derivada de su novela Porta Blindada. Dirige también varias piezas cortas experimentales y documentales. En 2017 el festival internacional DocumentaMadrid le dedica una retrospectiva. Es Premio Nacional da Cultura Galega 2008 en Cine y Audiovisual, Premio Otero Pedrayo 2017, y numeraria de la Real Academia Galega.