THE KIEV TRIAL

(RE)IMAGINAR LA HISTORIA

PRESERVAR, ENSEÑAR, PARODIAR, REIMAGINAR

Hace un año la sección Las Nuevas Olas No Ficción del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) trajo a España el estreno de Babi Yar. Context (2021), que, como dice Jaime Pena (véase crítica en la página 29 de este número), bien podría ser “la película más compleja de la carrera de [Sergei] Loznitsa”. En ella, el reconocido cineasta ucraniano, famoso por sus documentales de archivo, usa testimonios e imágenes para reflexionar sobre una de las mayores masacres cometidas por los nazis: la matanza de más de 30.000 judíos en el barranco de Babi Yar en septiembre de 1941. Los últimos veinte minutos de metraje se centran en las declaraciones del juicio de Kiev en enero de 1946, y sirven como punto de partida para su más reciente obra, que se presenta este año en la misma sección, reafirmando el interés del SEFF por resaltar un tipo de cine que, desde su revisión del relato de la historia oficial, permita aproximarse al presente desde una mirada crítica y política.

A partir de material de archivo nunca antes visto, The Kiev Trial reconstruye el juicio en el que quince nazis fueron condenados por las atrocidades (clasificadas en Nuremberg como crímenes de lesa humanidad) cometidas en el territorio ucraniano. Loznitsa ordena el material –al que llegó gracias a su trabajo de investigación para Babi Yar. Context– para mostrar momentos clave del juicio, como los testimonios de los acusados, de testigos y de supervivientes, y situar al espectador dentro del mismo, todo a través de una lente decididamente sobria y distante. Una pieza que cobra una especial importancia a la luz del actual conflicto bélico desatado por la invasión rusa de Ucrania en febrero, cuyas consecuencias continúa viviendo la población a día de hoy.

También relevante en la actualidad, Las Nuevas Olas No Ficción ha incluido este año el último trabajo de otro nombre que destaca en el mundo del documental: Mark Cousins. En The March on Rome, Cousins emplea su característico análisis histórico-fílmico para proponer una revisión del ascenso del fascismo en Italia a comienzos de siglo XX, analizando las huellas que este ha dejado y que sobreviven hasta hoy. Como en el caso del film de Loznitsa, realizado antes de la invasión rusa y estrenado después de esta, Cousins se adelanta al panorama actual en Italia, donde, tras las elecciones del pasado 25 de septiembre, se hace cada vez más claro el avance de la extrema derecha y el neofascismo. De ese modo, estos títulos muestran la eterna condena del ser humano a repetir su propia historia y la necesidad de visibilizar relatos que permitan romper con este patrón. El acto de recordar para no olvidar. O la importancia de, en palabras de Cousins, “preservar el pasado, enseñarlo, parodiarlo, reimaginarlo”.

 

EN TIERRA DE FANTASMAS

Un tercer título recurre de nuevo –y exclusivaente- al material de archivo para hacer un comentario sobre el pasado que resuena en el presente. Se trata de Viagem ao Sol, de Susana de Sousa Dias y Ansgar Schaefer. El documental reúne fotografías y vídeos caseros que, junto con testimonios narrados por voces en off, contienen las historias de miles de niños austriacos que después de la Segunda Guerra Mundial fueron enviados a Portugal para ser acogidos y adoptados por nuevas familias. Fantasmas de la guerra, que cobran vida en un ejercicio de memoria que nos lleva a tomar consciencia sobre un problema que ha existido –y sigue existiendo- fuera de los libros de la historia oficial.

Y si hablamos de fantasmas, resulta inevitable mencionar We Had the Day Bonsoir y H. En el primero, Narimane Mari compone una canción de amor a su amante fallecido, el artista francés Michel Haas. El documental comienza con una secuencia de créditos en los que se incluyen personas, vivas o muertas, famosas o no, que tienen un lugar importante en el film y que, por lo tanto, lo tuvieron en la vida del pintor. Allí la directora establece un pacto con el espectador, dejando claro lo que en esa pieza encontrará: un diario personal y una oda a la vida de un ser querido. Es así como una recopilación de imágenes aparentemente aleatorias cobra sentido a través de la lente de Mari. Imágenes que evocan, directa o indirectamente, el espíritu de Haas: rostros de gente andando por la calle, un niño nadando en cámara lenta, el ronroneo de su gato, sus esculturas… Su fantasma permanece en todas estas cosas, porque la acompaña a ella en todo momento. Y este es el mayor homenaje que se puede hacer: vivir con la memoria de la cotidianidad.

Por su parte, H, la ópera prima del español Carlos Pardo Ros narra, a través de dispositivos propios de la ficción, la historia de un hombre que en las Fiestas de San Fermín de 1969 murió por la cornada de un toro, en circunstancias que nunca se han llegado a esclarecer del todo. “H era mi tío”, dice Pardo Ros en la introducción de la película, que funciona como una declaración de intenciones sobre lo que esta pieza de no ficción pretende hacer: llenar los vacíos de una historia que se ha tornado en mito. El director reúne a cuatro personas cercanas para interpretar a H y, en sus propias palabras, “invocar el fantasma”, dando lugar a una especie de documental imaginado que pro- pone posibles relatos frente a la imposibilidad de un único relato oficial, en un terreno en el que los límites entre el documental y la ficción se hacen cada vez más difíciles de definir.

 

FICCIONES VERDADERAS

“Cualquier versión narrativa de una historia real es siempre una forma de ficción”. Estas palabras las dice Enrique Vila-Matas en una entrevista publicada recientemente bajo el título de Una ficción verdadera. Siguiendo las ideas de Nabokov y Wittgenstein, el escritor catalán sostiene que todo proceso de narrar implica una traducción, una interpretación y, por ende, una ficción. Varios de los títulos programados en esta sección del SEFF desafían la propia etiqueta de ‘no ficción’. Obras que, frente a las que proponen una revisión de un tipo de historia oficial, suelen dialogar con relatos más personales e íntimos. Aquí se sitúan Polaris y Kristina, dos películas que, además, giran en torno a una figura femenina que rompe con los estereotipos propios de un mundo heteronormativo.

La protagonista de Polaris, Hayat, es una capitana de barco que vive sus días recorriendo el Ártico, alejada de tierra firme, en un viaje de constante búsqueda de sí misma. La cámara de Ainara Vera sigue a Hayat en este desplazamiento y, mediante una voz en off, incluye sus pensamientos y reflexiones en torno al pasado y sus propias heridas familiares, en un momento en que esta se enfrenta a una nueva circunstancia: el embarazo de su hermana Leila. De ese modo, la película se articula alrededor de esta nueva vida para explorar los vínculos familiares y, particularmente, la relación entre estas dos hermanas que desean no cometer los mismos errores que su madre.

Por su parte, Kristina sigue a una trabajadora sexual trans en su día a día en Serbia. Kristina se interpreta a ella misma en un trabajo que parte de una historia real y que se traduce en la pantalla de modo ficcional, moviéndose entre confesiones ante la cámara y secuencias que parecen ser recreaciones a partir de lo narrado. A través de planos simétricos con composiciones casi pictóricas, el director Nikola Spasi encuadra a Kristina mientras explora la tensión entre su profesión y su religión en un mundo que no entiende que estas dos cosas puedan coexistir.

Como en Kristina, en Los saldos, último título que conforma la sección, las decisiones formales denotan una intención clara por imbuir de lenguaje ficcional a la no ficción. Aquí la ficción se hace tangible desde los créditos de inicio que, a través de sus títulos y la música que los acompaña, presentan el documental de Raúl Capdevila Murillo como si fuera un western. Capdevila cuenta la historia de su familia, agricultores y ganaderos que retrata trabajando, inmersos en su rutina diaria, en la lucha ante la llegada al pueblo de una gran empresa del sector y el retorno del propio Raúl desde la ciudad. Sobre su vida en la granja, dice el director: “Recuerdo estar jugando con mi hermana mientras mi padre trabajaba, inventando mundos ficticios”. Es precisamente desde ese lugar donde construye la propuesta de Los saldos, cuyos protagonistas parecen héroes que han venido del Oeste a retirarse en el campo aragonés. Porque, volviendo a Vila-Matas, “desde el momento en el que se ordena el mundo con palabras, se modifica la naturaleza del mundo”. Y es esto lo que Capdevila hace: ordenar su mundo y modificarlo a través de su lente para mostrarnos la realidad que él desea que veamos. Una realidad pasada por el filtro de la ficción.