Un café con © Julio Merino Fuentes
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Erotismo y edadismo en torno a un café

El Festival de Sevilla celebra su tercer encuentro con la novísima creación cinematográfica con dos atrevidos debutantes: Valentín Merz y Chie Hayakawa
 

El martes 8 de noviembre el presentador de Un café con, Javier H. Estrada, estuvo acompañado de los primerizos en dirección de largometrajes Valetín Merz (Zurich, 1985), que charló de su oda al erotismo De noche los gatos son pardos (proyectada en la sección Las Nuevas Olas), y Chie Hayakawa (Tokio, 1976), presentando su preocupante distopía anti-edadismo Plan 75 (Historias extraordinarias).

En una tarde visitada sin cita previa por una lluvia que la temporada anhelaba en Sevilla, se avistó la llegada de la primera protagonista del coloquio: Chie Hayakawa entró y saludó sonriente a quienes durante los siguientes minutos estarían dispuestos a escuchar lo que la artista nipona tenía que contar sobre esta coproducción entre Francia, Japón y Filipinas que recibió una Mención Especial del jurado de la Cámara de Oro en el pasado Festival de Cannes (además es el filme elegido para representar a su país en la 95.ª edición de los Oscar). A continuación llegó Valentín Merz acompañado de su simpatía desbordante, que se sentaron en el sofá preparado para el encuentro, creando una imagen armoniosa de ambos directores vestidos de azul y negro, cuya colorida coincidencia solo podía ser un capricho del destino.

Estrada arrancó la charla con una pregunta habitual para romper el hielo en cualquier encuentro con directores: “¿Cómo surgió la idea de vuestras películas?”. La primera en responder fue Hayakawa, quien confesó su intención de transmitir dulzura y ternura en Plan 75 junto a un juicio político asociado a una crítica sociológica. Durante el resto de sus intervenciones, la cineasta evidenció su descontento con la situación sociocultural japonesa donde “impera una independencia e individualismo que acaba por desembocar en vidas solitarias y deficitarias relaciones personales”. Denunció también la ausencia de ayudas a la población por parte del gobierno japonés. 

Esa situación, sumada a la constante hostilidad de los jóvenes hacia los mayores “por la creencia de que los primeros deben liderar el mundo”, le producía una preocupación que quiso plasmar en su obra. Porque esta misma historia había sido parcialmente abordada por ella en un proyecto anterior, el filme colectivo Ten years Japan (2018), en el cual participó dirigiendo un segmento que serviría como prólogo de Plan 75 y donde, por la limitación temporal de formato, solo se dedicó a “plantear preguntas sin desarrollo ni sentimiento”. Por ello, cuatro años después alumbra su primer largometraje, reiterando aquel concepto con mayor profundidad y dotándolo de más historias, vertientes y respuestas.

Después Valentín Merz narró cómo plasmó su idea de placer, deseo y sexualidad, con reivindicación de la libertad total, en De noche los gatos son pardos. Sin embargo, dentro de su trama también se encarga de resaltar otras temáticas: “No se trata de una película que se limita al deseo, sino al meta-cine (se contempla en pantalla un rodaje dentro de otro, como en La noche americana, de François Truffaut, por ejemplo), la diversidad cultural y de identidades, los géneros y los paisajes. En sí, el proyecto no versa de erotismo, cine, géneros o nada en concreto, sino de la diversidad en el más amplio sentido”.

Por ello y por ser una película tan abstracta en términos de estructura, “el título apela a la confusión”: pues, ¿qué significa que los gatos son pardos de noche? Con ese extravagante nombre (extraído de una canción rock mexicana de los años 90), Merz quiso expresar la poca claridad de los conceptos y buscó reflejar una metáfora de la desinhibición: “De noche puedo ser quien quiero ser”, citó el suizo tras detallar que el pardo es un color no definido, lo que conduce una vez más a la perplejidad provocada durante la visión de su trabajo.

Finalmente, Merz afirmó, al igual que hizo en el coloquio de presentación de su filme, el día anterior en una de las salas de los cines Nervión, que sus actores son partícipes de un “juego de realidades donde se interpretan a sí mismos”: de esta forma, por ejemplo, el operador de cámara del equipo de rodaje real se auto interpreta delante de su propia lente, en la ficción, al igual que Valentín hace su propio papel en el interior de su universo ficcional.

Con dos películas tan intensas y con personalidades tan llamativas, explosivas y emotivas, ambos creadores deleitaron al público -especialmente participativo- en este tercer Un café con que les acompañaba en una inusual tarde húmeda de un otoño seco.

Paola Emanuet (II Laboratorio de Periodismo MIOB)